Citroën lleva cien años produciendo “alfombras voladoras”

La firma francesa cumple un siglo de vida como referente del confort gracias a unos sistemas de suspensiones que siempre han estado a la vanguardia del segmento

Edgar Vivó | Madrid » 8 de marzo, 2019

Si hay algo que ha caracterizado desde siempre a los Citroën ha sido su confort. Y decimos “desde siempre”, porque la firma francesa cumple este año un siglo de vida como auténtico referente de la innovación y el confort.

Evolución de los modelos Citroën

Son muchos los factores que se combinaban para ofrecer una comodidad y calidad de marcha insuperable a los ocupantes de un Citroën, pero sin lugar a dudas el más destacado y determinante es la suspensión, un elemento en el que la marca gala siempre ha estado a la vanguardia: desde la suspensión delantera independiente que ya montó el Citroën 11 en 1934, pasando por el sistema hidroneumático que se introdujo en los años 50, y hasta llegar a los Amortiguadores Progresivos Hidráulicos que montan los nuevos C4 Cactus y C5 Aircross.

Para entender la magnitud de esta evolución a lo largo de sus 100 años de historia nada mejor que vivirla en primera persona, una experiencia que pudimos disfrutar gracias a Citroën España, que reunió en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial unidades de los modelos C11, 2CV, CX, Xantia, C6, C4 Cactus y C5 Aircross, para probar sus suspensiones a lo largo del gran anillo de pruebas.

Citroën C11 Traction Avant

Citroën C11

La jornada de pruebas arrancó, como no podía ser de otro modo, con el modelo más antiguo, el C11 Traction Avant de 1934. Este vehículo fue el primero que combinaba tracción delantera, bastidor monocasco autoportante y suspensión delantera independiente. Esta estructura lo situaba al frente del mercado y hacía que cualquier otro vehículo pareciese antiguo a su lado, ya que aportaba un nivel de confort, seguridad y dinamismo sencillamente inigualable.

Con este modelo Citroën se destacaba una vez más como una firma experta en suspensiones. El C11 montaba una suspensión independiente que reducía el traqueteo en las maltrechas carreteras de la época, aumentaba el aplomo del coche a alta velocidad y proporcionaba una calidad de rodadura inédita hasta la fecha.

Citroën C11

Totalmente restaurado de forma artesanal, nos encontrábamos ante una unidad del C11 que era una auténtica joya sobre ruedas, lo que justificaba que fuera el único modelo que no podíamos conducir. Aún así, en el puesto de copiloto pudimos comprobar la excepcional suavidad de rodaje que tenía este coche para tratarse de un coche de los años 30. En el anillo del INTA no sólo comprobamos la buena estabilidad que ofrece el modelo cuando alcanzamos altas velocidades por la inmensa curva peraltada, sino también la efectividad de las suspensiones para absorber las irregularidades de los tramos que se encontraban en peor estado. Finalmente podríamos destacar el bajo nivel de ruido y vibraciones que se colaban en el lujoso interior.

Probamos el mítico 2CV

Citroën 2CV

El siguiente turno fue para el 2CV, que sí pudimos conducir. Lo primero que nos sorprendió fue que en todos los aspectos ofrecía unas prestaciones muy inferiores al Citroën C11, aún teniendo en cuenta que se trata de un coche menos exclusivo que el primero y sobre todo porque no se encontraba ni mucho menos tan bien conservado. Pero aún así ofrecía un confort de marcha muy inferior y una calidad de vida a bordo totalmente comprometido por el intenso ruido del motor que se colaba en el interior.

Pero a este coche hay que evaluarlo por lo que es: un modelo que se hizo para soportar duras condiciones gracias a una mecánica y una estructura muy “básica”. Aún así, ofrecía un buen confort en el interior gracias a unas suspensiones blandas y de recorridos largos que filtraban hasta los peores tramos del castigado asfalto del óvalo. No tuvimos ocasión de ver como ésta soportaba los balanceos de la carrocería a altas velocidades, ya que el 2CV no tiene una gran velocidad punta.

Citroën CX, un coche muy especial

Citroën CX

El Citroën CX es un coche que llevaba al mercado “generalista” los avances de los coches más exclusivos de la marca. Esta sofisticación empezaba con un diseño aerodinámico que dibuja un perfil inconfundible por su figura extremadamente afilada. Del interior nos llamó la atención el abusivo mullido de los asientos y reposacabezas. N este caso el confort se contaba en centímetros de espesor y al perder firmeza por el paso del tiempo, los asientos te engullían literalmente cuando te dejabas caer sobre ellos. Otro aspecto destacable en el habitáculo del CX es su gran carga tecnológica, con un velocímetro digital, accionamientos basculantes accesibles con la punta de los dedos en vez de las clásicas palancas de mando para accionar las luces o limpiaparabrisas, y un sistema de compresión y descompresión de la suspensión hidroneumática para subir o bajar la altura del coche.

Citroën CX

En cuento a su comportamiento, debemos de confesar que el Citroën CX es uno de los coches más singulares que hemos tenido el gusto de conducir. Lo que más nos impactó fue el tacto del pedal de freno, que no tenía recorrido alguno y actuaba casi como un botón, y la dirección asistida que retornaba como un resorte a su posición central en cuanto la soltabas. Eso sí, contaba con asistencia en fucnión de la velociadad, un avance que otros coches tardarían mucho en adaptar.

Por lo que respecta a las suspensiones, éste modelo montaba una versión mejorada de la suspensión hidroneumática que se estrenó en el “Tiburón” y que más tarde utilizó el GS. A bordo de este coche es cuando sentimos pro primera vez esa hegemonía de Citroën en este aparratado mecánico. El CX ofrece un nivel de confort realmente bueno, lo cual es resultado de una combinación extraordinaria de capacidad de absorción y estabilidad. Los tramos bacheados se superaban sin apenas sentirlos y a al altas velocidades se gozaba de una gran sensación de seguridad.

El Citroën Xantia gira plano

Citroën Xantia

El siguiente coche que probamos fue el Xantia, que utiliza la suspensión Hidractiva II. Se basa en la clásica suspensión hidroneumática, con una esfera neumática por cada rueda, pero se aportó a cada eje una esfera adicional. De este modo, se disponía de tres elementos rellenos de gas en cada eje, lo que confería mayor elasticidad y suavidad a la suspensión. Además se podía preseleccionar con un accionador deslizante sobre la consola el modo Sport, que mantenía la suspensión en un modo siempre firme. Y cuando parecía difícil mejorar algo así, Citroën inventó la versión en automóvil del tren «Talgo pendular». La carrocería del Xantia Activa, como se denominaba esta versión, permanecía prácticamente plana en las curvas, no permitiendo más de 0,5 grados de inclinación.

Citroën Xantia

Y lo cierto es que esta forma de girar en plano se notaba bastante en la práctica como pudimos comprobar en el anillo del INTA, donde superamos sin problemas y con una sensación de seguridad los 170 km/h.

Citroën C6, volando bajo

Citroën C6

El C6 es quizá el coche que mejor representa la filosofía de confort de Citroën. Cada una de sus ruedas dispone de un captador de altura, para saber exactamente cómo pisaba. Su amortiguación responde a ese conocimiento y con la capacidad de regular de forma casi instantánea el tarado en cada una de las ruedas independientemente con dieciséis leyes de retención. Con ello se crea un efecto de alfombra voladora. El confort absoluto de suspensión se combina ademas con un balanceo mínimo de la carrocería, gracias al modo sport, que aceleraba la velocidad de reacción de este sistema de variación de la amortiguación priorizando un rodar más firme.

Citroën C6

Y todo ello lo sentimos a bordo del coche en el óvalo. El coche flotaba literalmente sobre el asfalto, pero lejos de sentir una sensación de inseguridad o inestabilidad, el coche nos daba la confianza suficiente como para ir ganando cada vez más velocidad ya que se sentía pegado al suelo y firme en su paso por curva. En pocos coches, e incluso más modernos hemos sentido una sensación de confort y estabilidad semejantes. Otro aspecto que habla de lo avanzado que es este coche para época de su lanzamiento es la utilización de un sistema de mantenimiento en el carril que hoy día ya es habitual en casi cualquier coche.

Citroën C4 Cactus y C5 Aircross

La culminación a toda esta evolución de las suspensiones de Citroën se plasma en sus últimos modelos. El C4 Cactus y el C5 Aircross montan el avanzado sistema de Amortiguadores Progresivos Hidráulicos que lleva unos topes hidrálucos que, junto al confort que brindan sus asientos, hace que se viva a bordo suyo una de las experiencias de calidad de vida a bordo más elevadas y placenteras de su segmentos. Así lo experimentamos en la presentación del C5 Aircross en las maltrechas calles de los exteriores de Marrakech.

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